Dos veterinarios ayudan a conocer las ventajas y desventajas de cada uno de estos sistemas antiparasitarios, así como otros aspectos a tener en cuenta al respecto
Enfermedades infecciosas transmitidas por pulgas y garrapatas, Babesia, Ehrlichia, Leishmaniasis… Estas son solo algunas de las consecuencias que pueden sufrir nuestras mascotas si no las desparasitamos adecuadamente.
No solo eso, sino que hay que tener en cuenta que los métodos antiparasitarios no sirven solamente para prevenir y eliminar parásitos en nuestros perros y gatos, también para prevenirlos en el hogar, ya que —aunque no es muy frecuente—, existen algunos parásitos que podemos compartir animales y humanos.
Collares, pipetas y pastillas son las opciones antiparasitarias más comunes. Dentro de ellas, cientos de marcas y vertientes nos hacen complicado elegir la más adecuada en cada caso. Aunque para hacerlo lo ideal es siempre consultar a nuestro veterinario, es imprescindible conocer las ventajas y desventajas de cada una de ellas para brindarles a los animales el mejor cuidado posible.
Collares
Los efectos de la mayoría de collares antiparasitarios suelen durar entre cinco y ocho meses, convirtiéndose así en una de las opciones más cómodas para los dueños de mascotas debido a dos factores: requieren aplicaciones poco frecuentes y su colocación es muy sencilla.
Además, como explica Pablo Martínez Casares, veterinario especialista en pequeños animales en la Clínica Triunfo Jardín (Granada), “este sistema tiene protección continua, ya que proporcionan una liberación constante de ingredientes activos, lo que puede ser efectivo contra pulgas y garrapatas”. Sin embargo, existen algunas desventajas a tener en cuenta, como “la posible irritación de la piel en algunos animales sensibles a los materiales o ingredientes”.
“No todos los collares son igual de efectivos y algunos pueden no funcionar bien en ciertas condiciones”, indica Martínez a elDiario.es, “tampoco todos son ajustables, lo que puede ser un problema para mascotas de diferentes tamaños”.
Por su parte, Inmaculada Pérez, veterinaria en la Clínica Plaza de España (Cádiz), recalca que “no son una buena opción para cachorros nerviosos: pueden perderlo o incluso morderlo y llegar a intoxicarse, pues están impregnados de insecticidas que, aunque tengan una liberación lenta pueden intoxicarlo”.


