Un dramático incidente marcó la semifinal del popular reality “Miss Universo Latina” transmitido por Telemundo: Laura Pérez, representante de Cuba y una de las favoritas del certamen, sufrió una aparatosa caída desde más de tres metros de altura durante un peligroso desafío acrobático.
El accidente
- El suceso ocurrió durante la prueba final de la noche, en la que las concursantes debían lanzarse desde una plataforma elevada y, sujetas por un arnés de seguridad, intentar atrapar una corona suspendida en el aire, símbolo del sueño de ser Miss Universe Latina.
- Cuando Laura saltó confiada para cumplir el reto, el arnés que debía sostenerla falló y la modelo cayó violentamente al suelo ante la mirada atónita del público y los televidentes.
- La conducción, a cargo de Jacqueline Bracamontes, reaccionó inmediatamente, pidiendo la asistencia de los paramédicos mientras la transmisión era interrumpida por motivos de seguridad.
Consecuencias y reacción
- Laura Pérez fue atendida por servicios médicos en el escenario y no pudo levantarse por sus propios medios debido al dolor.
- La producción suspendió el resto del desafío y la transmisión en vivo, postergando la continuación del programa hasta asegurar la seguridad de todas las participantes.
- A pesar del terrible susto, luego se confirmó que Laura podría continuar en competencia gracias a su desempeño previo y se vio un respaldo masivo a la modelo en redes sociales.
- El accidente reactivó el debate sobre la seguridad de este tipo de retos físicos en certámenes de belleza, generando múltiples críticas al formato del reality.
Voz del público y futuro en el certamen
La caída de Laura Pérez generó una ola de conmoción y solidaridad entre fans y colegas de diversos países. Aunque no se difundió un parte médico oficial inmediato, las muestras de apoyo y los llamados a votar por ella se multiplicaron en las redes, destacando su fuerza y profesionalismo ante la adversidad.
La producción de «Miss Universo Latina» anunció el refuerzo de las medidas de seguridad en lo que queda del certamen y la intención de evitar desafíos de alto riesgo en futuras ediciones.
El concurso, que debía ser una fiesta de glamour y sueños, terminó con nerviosismo y una lección para toda la industria: la seguridad nunca puede estar en segundo plano.


