Tras más de 17 años de estancamiento legislativo, el histórico proyecto minero PSJ —anteriormente conocido como San Jorge— dio esta semana un paso decisivo que reconfigura el mapa productivo de Mendoza. La aprobación en la Cámara de Diputados, impulsada por la firme decisión política del gobernador Alfredo Cornejo, se convirtió en el avance más significativo desde la cubicación original del yacimiento y abre una ventana inédita para el desarrollo del cobre en la provincia.
El proyecto, ubicado en Uspallata, vuelve a escena en un contexto global en el que el cobre es considerado un recurso estratégico para la transición energética, la electromovilidad y el desarrollo tecnológico. Países y regiones de todo el mundo compiten por atraer inversiones y asegurar reservas, y Mendoza se posiciona ahora para entrar de lleno en esa carrera.
La aprobación legislativa no solo destraba un expediente que llevaba casi dos décadas paralizado, sino que también envía una señal de confianza y estabilidad para los sectores productivos e inversores. En el Gobierno destacan que el avance se da con estrictos estándares ambientales y bajo una nueva mirada sobre la relación entre minería, tecnología y sustentabilidad.
Para especialistas del sector, PSJ podría convertirse en un motor de empleo, infraestructura y encadenamientos productivos, además de fortalecer la diversificación económica de una provincia históricamente dependiente del agro y los servicios. En este sentido, la decisión de Cornejo es vista como un movimiento estratégico que reposiciona a Mendoza en un tablero regional donde otras provincias ya avanzan con proyectos de cobre y litio.
Aunque aún restan etapas técnicas y legislativas, la reactivación del proyecto marca un punto de inflexión: Mendoza vuelve a competir. Y lo hace en un momento global en el que el cobre no solo es oportunidad económica, sino también una “llave” del futuro energético.


