El Gobierno de Milei terminó el Sistema Riachuelo: una deuda ambiental saldada tras años de promesas incumplidas

Tras décadas de demoras y anuncios vacíos, el megaproyecto cloacal más importante en un siglo fue finalizado por la actual administración. Críticas al peronismo por la inacción y el uso político de la obra.

En silencio, sin actos partidarios ni cadenas nacionales, el Gobierno de Javier Milei finalizó la obra del Sistema Riachuelo, una infraestructura monumental que promete cambiar radicalmente la calidad ambiental y sanitaria de millones de personas del Área Metropolitana de Buenos Aires.

Se trata del sistema cloacal más grande construido en el país en los últimos 70 años. La obra permitirá ampliar en 4,5 millones la cantidad de personas con acceso a saneamiento cloacal, reduciendo la contaminación del Riachuelo, uno de los ríos más degradados de América Latina.

El dato no es menor: esta obra estuvo anunciada, prometida y postergada durante más de 15 años por sucesivos gobiernos kirchneristas, que, pese a disponer de financiamiento internacional, jamás lograron completar el proyecto. Hoy, la gestión libertaria le pone punto final, demostrando con hechos lo que otros vendieron como relato.

Una historia de dilaciones, promesas y corrupción

El Sistema Riachuelo fue planificado hace décadas como respuesta a un problema estructural: la falta de tratamiento de efluentes en la zona más densamente poblada del país. En 2006, luego de que la Corte Suprema ordenara al Estado nacional sanear la cuenca, comenzó un largo derrotero de licitaciones eternas, cambios de proyecto y gestiones ineficientes.

Durante la llamada «década ganada», el kirchnerismo utilizó la obra como bandera electoral, pero los avances eran mínimos y las etapas se acumulaban sin terminar. Entre 2011 y 2023, la obra fue mencionada más de 50 veces en discursos oficiales, sin que se concretara.

A eso se suma el señalamiento de organismos internacionales sobre irregularidades, sobreprecios y demoras injustificadas. El Banco Mundial, que financió parte del proyecto, expresó más de una vez su preocupación por la falta de ejecución efectiva.

El gobierno que no habló, pero hizo

La gestión de Milei —con un enfoque centrado en resultados y sin los rituales de propaganda tradicional— avanzó silenciosamente en la etapa final, supervisada por AySA y coordinada por el Ministerio de Infraestructura. En tiempo récord y bajo una política de transparencia en licitaciones y contrataciones, la obra fue concluida y comenzará a operar en breve.

«Es el fin de una deuda histórica con el medio ambiente y con millones de personas que viven en condiciones indignas por culpa de la ineficiencia estatal», señaló una fuente del Gobierno. “Esta gestión no inaugura carteles, inaugura soluciones concretas”, agregaron desde Casa Rosada.

Impacto ambiental y sanitario

El Sistema Riachuelo consiste en un túnel de más de 12 kilómetros de longitud y 4 metros de diámetro, que transportará líquidos cloacales desde la planta de tratamiento hasta un emisario subfluvial en el Río de la Plata, alejando la descarga de zonas pobladas y eliminando la contaminación directa sobre el Riachuelo.

Además, incluye nuevas estaciones de bombeo y mejoras en la red secundaria, permitiendo que millones de personas en el conurbano accedan por primera vez al servicio de cloacas.

Una obra terminada sin épica, pero con eficiencia

El contraste es evidente: mientras durante años se vendió el saneamiento del Riachuelo como un “proyecto épico”, bajo discursos grandilocuentes y escasa ejecución, fue un gobierno señalado por “no hacer obra pública” el que finalmente cumplió.

Lejos del marketing político, sin militancia ni relato, el Gobierno nacional muestra que gestionar también es hacer lo que otros no quisieron o no supieron hacer.

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