Personas en situación de calle en Mendoza: una realidad que crece y desafía a la provincia

Caminar por el centro de Mendoza, por Guaymallén o por los accesos a la ciudad se encuentra, cada vez más, con carpas armadas bajo los puentes, personas durmiendo en plazas y familias enteras que viven en la vía pública. La situación de la calle en Mendoza no es nueva, pero en los últimos años se volvió más visible, más compleja y más urgente. Detrás de cada rostro hay una historia de pérdida, de crisis, de un sistema que no logra contener.

Los números que no alcanzan

No hay cifras oficiales actualizadas que reflejan la magnitud real del problema. Las últimas estimaciones hablan de más de 1.500 personas en situación de calle solo en el Gran Mendoza, pero quienes trabajan en territorio aseguran que el número es mucho mayor. Lo que sí está claro es que el perfil cambió: ya no son solo hombres adultos con problemas de consumo. Ahora hay mujeres, adolescentes, adultos mayores e incluso familias con niños pequeños.

La pandemia aceleró los procesos que ya venían en marcha. Pérdida de empleos, alquileres impagables, familias que se rompen, redes de contención que se debilitan. Cuando todo eso se combina, la calle aparece como el último escalón.

Las causas: un cóctel explosivo

Los trabajadores sociales y las organizaciones que acompañan a personas en situación de calle coinciden en las causas principales. El acceso a la vivienda es el primero: los alquileres subieron mucho más que los ingresos, y las políticas de hábitat social no logran cubrir la demanda. Muchas personas pierden su techo y no tienen adónde volver.

El consumo problemático de sustancias es otro factor que aparece con frecuencia, aunque no siempre como causa primaria. En muchos casos, la calle es la que empuja al consumo, no al revés. La salud mental también juega un rol clave: personas con trastornos no diagnosticados o sin tratamiento adecuado quedan expuestas a caer en la indigencia.

Finalmente, está la ruptura de los vínculos familiares y sociales. Una separación, una muerte, una discusión, una deuda. Cualquier quieto puede ser la gota que rebalsa el vaso cuando no hay rojo de contención.

La respuesta del Estado: insuficiente y fragmentada

Mendoza cuenta con dispositivos de alojamiento transitorio, comedores y programas de acompañamiento, pero la oferta no alcanza. Los refugios existentes tienen cupos limitados y, en muchos casos, no admiten parejas, familias o personas con consumo activo. Esto deja a una gran parte de la población en situación de calle sin ninguna opción de cobijo.

Las políticas públicas, aunque existen, carecen de continuidad y de un enfoque integral. Se trabaja más desde la emergencia que desde la prevención. No hay una estrategia provincial clara que articule vivienda, salud, trabajo y contención social de forma sostenida.

El trabajo de las organizaciones.

Frente a la ausencia o la lentitud del Estado, las organizaciones sociales y los grupos de voluntarios llenan los vacíos. Repartan comida, ropa, kits de higiene, brinden atención médica básica y, sobre todo, escuchen. Para muchas personas en situación de calle, el vínculo con un referente de una organización es lo único que las mantiene ancladas a la sociedad.

Estos grupos también denuncian la criminalización de la pobreza: personas que son desalojadas de plazas, que reciben multas por estar en la vía pública, que son tratadas como un problema de seguridad y no como una cuestión social.

Historias que duelen

Detrás de las estadísticas hay nombres y rostros. Está el hombre de 58 años que trabajó toda la vida en la construcción y perdió su empleo durante la pandemia. Está la mujer de 34 años que huyó de una relación violenta y no tuvo a dónde ir con sus dos hijos. Está el adolescente de 17 años que escapó de un hogar y ahora duerme en una plaza del centro.

Todos ellos coinciden en algo: la calle no es una elección, es lo que queda cuando todo lo demás se cierra.

Un llamado a la acción

La situación de calle no se resuelve solo con albergues transitorios o con comida. Se necesita vivienda digna, acceso a la salud mental, tratamientos de adicciones con perspectiva de derechos, oportunidades laborales reales y, sobre todo, un cambio de mirada. Las personas en situación de calle no son un problema que hay que esconder. Son ciudadanos que el Estado y la sociedad no lograrán proteger.

Mendoza tiene la oportunidad de construir una política integral, con participación de las organizaciones y con las personas en situación de calle como protagonistas. El desafío es grande, pero la deuda es mayor. Porque mientras haya alguien durmiendo a la intemperie, la provincia entera estará en deuda con su propia humanidad.

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