La Plaza Chile, corazón del barrio que lleva su nombre en la ciudad de Mendoza, fue este fin de semana el epicentro de una celebración que trasciende fronteras. Con motivo de las Fiestas Patrias de Chile, que conmemoran el 18 de septiembre de 1810, miles de personas se congregaron para bailar cueca, compartir empanadas y anticuchos, y vivir una jornada que, aunque tiene raíz trasandina, se siente tan mendocina como cualquier otra tradición local.
Una plaza que es puente entre dos naciones
Desde temprano, la plaza comenzó a llenarse de familias, amigos y grupos de bailarines que llegaron con sus trajes típicos. Las banderas celestes y blancas ondeaban en cada árbol, y el sonido de la guitarra y el arpa se mezclaba con las risas de los niños que corrían entre los puestos de comida. Para muchos chilenos que viven en Mendoza, este es el día más importante del año, la ocasión para reconnectar con sus raíces y transmitirles a los más chicos de dónde vienen.
«Es el día en que nos sentimos más cerca de casa», dijo una residente chilena que lleva más de 30 años en Mendoza. «Acá nos juntamos todos, los que nacieron allá y los que nacieron acá pero se sienten chilenos de corazón».
Cueca, música y tradición
El escenario principal no paró en ningún momento. Agrupaciones folclóricas locales presentaron shows de cueca, el baile nacional chileno, con parejas que lucieron trajes tradicionales: vestidos largos con volados para ellas, ponchos y sombreros para ellos. Cada zapateo, cada pañuelo en el aire, cada mirada cómplice contaba una historia de amor, de duelo, de celebración.
También hubo espacio para la música en vivo, con intérpretes que recorrieron los clásicos del folclore chileno: Violeta Parra, Víctor Jara, Inti Illimani. Y no faltaron las peñas improvisadas, donde cualquiera podía sumarse a cantar o a bailar.
La gastronomía, protagonista indiscutida
Si hay algo que no puede faltar en un 18 de septiembre, es la comida. Los puestos instalados en los alrededores de la plaza ofrecieron empanadas de pino, anticuchos, choripanes, completos y, por supuesto, el infaltable terremoto, la bebida típica que combina vino pipeño, helado de piña y un toque de granadina.
Las filas eran largas, pero nadie se quejaba. «Es parte de la fiesta», bromeaba un vendedor mientras servía una docena de empanadas. «La gente viene con hambre y se va feliz».
La presencia de las autoridades
Como es tradición, las celebraciones contaron con la presencia de autoridades del consulado chileno en Mendoza, así como de funcionarios municipales y provinciales. En sus discursos, destacaron el vínculo histórico entre Argentina y Chile, dos países que comparten frontera, cultura y una relación de hermandad que trasciende las diferencias.
«Esta plaza es un puente entre dos naciones», dijo el cónsul chileno. «Acá se celebra la independencia, pero también la integración y el respeto mutuo».
Una fiesta que integra
Aunque el 18 de septiembre es una fecha patria chilena, la celebración en Mendoza tiene un carácter integrador. Mendocinos de todas las edades se sumaron a la fiesta, bailaron cueca, probaron la comida y disfrutaron del ambiente festivo. Para muchos, es una oportunidad de conocer más sobre la cultura del país vecino y de fortalecer los lazos con la comunidad chilena.
«Siempre vengo con mi familia», comentó un vecino de Guaymallén. «Mis hijos ya nacieron acá, pero es importante que conozcan y valoren las dos culturas».
Un cierre con fuego artificial
La jornada culminó, como no podía ser de otra manera, con un espectáculo de fuegos artificiales que iluminó el cielo mendocino. Las explosiones de color se reflejaron en los rostros de los asistentes, que aplaudieron y cantaron el himno chileno con emoción.
Cuando la noche cayó y la fiesta terminó, la Plaza Chile volvió a su calma habitual. Pero por un día, fue el corazón de Chile en Mendoza. Y eso, para quienes la viven, es más que suficiente.


