Las intensas nevadas que caen sobre la cordillera de los Andes obligaron este viernes 18 de septiembre al cierre temporal de los principales pasos fronterizos entre Mendoza y Chile. La medida, dispuesta por Vialidad Nacional y Carabineros de Chile, dejó a millas de personas varadas en ambos lados de la frontera y reactivó las alertas por las condiciones climáticas extremas en la alta montaña.
La parte oficial de este viernes
El paso internacional Los Libertadores, el más transitado entre Argentina y Chile, fue cerrado al tránsito vehicular en ambas direcciones desde las primeras horas de la mañana. El mismo destino tuvo el paso Pehuenche, en el sur mendocino, y el paso Agua Negra, en San Juan. Las autoridades informaron que la acumulación de nieve en la calzada, que supera los 30 centímetros en algunos sectores, sumada a la baja visibilidad y al viento fuerte, hace imposible garantizar la seguridad de los conductores.
«Las condiciones no son aptas para la circulación», explicó un vocero de Vialidad Nacional en la tarde de este viernes. «Hay nieve acumulada, riesgo de aluviones y la temperatura sigue descendiendo. No vamos a arriesgar vidas».
Millas de varados en la frontera
El cierre dejó a cientos de vehículos retenidos en los controles fronterizos. En el lado argentino, la cola se extiende por varios kilómetros sobre la ruta 7, en Las Heras. En Chile, la situación es similar en la zona de Los Andes, donde los conductores esperan noticias sobre la reapertura del paso.
Entre los varados hay turistas mendocinos que regresaron de Santiago, trabajadores transfronterizos que regresan a sus hogares, transportistas de carga con mercadería perecedera y familias que habían planificado viajes turísticos. «Salimos ayer pensando que íbamos a llegar sin problemas, pero la montaña nos ganó», dijo un mendocino que quedó retenido en la frontera junto a su esposa y sus dos hijos.
El impacto en el comercio y el turismo.
El cierre de los pasos fronterizos no solo afecta a los viajeros. El comercio bilateral entre Argentina y Chile, que depende en gran medida del transporte terrestre, sufre cada vez que la cordillera se cierra. Los transportistas de carga estiman que hay más de 200 camiones retenidos, con mercadería que incluye frutas, verduras, productos industriales e insumos médicos.
Del lado turístico, la situación también genera preocupación. Mendoza y Chile comparten un circuito turístico que se ve interrumpido cada vez que la nieve impone su ley. Agencias de viaje, hoteles y operadores turísticos deben reprogramar itinerarios y, en muchos casos, devolver dinero a clientes que no pueden cruzar.


