“Súper Niño”: el fenómeno climático que ya está aquí y promete ser el más intenso desde 1950

El fenómeno El Niño, que en las últimas semanas comenzó a ser denominado “Súper Niño” por su potencial intensidad, ya está oficialmente en curso y se encamina a convertirse en uno de los eventos climáticos más fuertes registrados desde 1950. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) elevó al 95% la probabilidad de que el fenómeno alcance una categoría “muy fuerte” en el Pacífico durante el trimestre octubre-diciembre de 2026, con anomalías de temperatura del agua que podrían superar los 2,9 °C y mantenerse hasta inicios de 2027.

Qué es el “Súper Niño”

El Niño es un fenómeno climático natural caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico tropical, que altera los patrones de viento y precipitación en gran parte del planeta. Cuando las temperaturas oceánicas superan ciertos umbrales y se mantienen por varios meses, el evento se clasifica como “fuerte” o “muy fuerte”. La denominación “Súper Niño”, aunque no forma parte de la terminología científica oficial, se ha popularizado en los medios y entre los expertos para describir un episodio de intensidad excepcional, con impactos más severos que los Niño históricos de 1982-83 y 1997-98.

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno ya comenzó a manifestarse en julio de 2026 y se intensificará entre agosto y octubre, con un pico proyectado para el último trimestre del año. Los modelos climáticos coinciden en que este podría ser el El Niño más intenso de los registros modernos, con consecuencias que se extenderán hasta bien entrado 2027.

Impactos globales

La OMM advirtió que el “Súper Niño” desencadenará extremos caóticos de lluvia, sequía y calor en distintas regiones del planeta. Se prevén condiciones más húmedas que lo normal en el sureste de Sudamérica, el Gran Cuerno de África, partes de Asia Central, el sur de Europa y el oeste de América del Norte. Por el contrario, se anticipa un déficit de lluvias en el subcontinente indio, el sur y este de Australia, el sur de América Central, partes del Caribe, el noroeste de Sudamérica y el norte de Europa.

En términos concretos, esto se traduce en un mayor riesgo de inundaciones, crecidas de ríos, tormentas severas y deslizamientos en las zonas más húmedas, mientras que las regiones secas enfrentarán estrés hídrico, pérdidas agrícolas y mayor probabilidad de incendios forestales. La ONU señaló que el fenómeno empeorará “un planeta que ya está en llamas”, en referencia a la crisis climática en curso y al aumento de la frecuencia de eventos extremos.

El Niño en Argentina y Sudamérica

En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que las temperaturas del agua del mar se situaron por encima de los niveles normales durante el trimestre julio-septiembre, y que la probabilidad de que esta situación persista “se mantiene muy alta en los próximos trimestres”. El fenómeno ya comenzó a mostrar sus primeros efectos, con nevadas excepcionales y olas de frío en la Patagonia, y se espera que se intensifique hacia la primavera y el verano 2026-27.

Los pronósticos indican que el sureste del continente, que incluye gran parte del territorio argentino, tendrá lluvias por encima de lo normal. Las zonas más afectadas podrían ser el Litoral, la Pampa Húmeda y el centro-norte del país, donde se anticipan episodios de precipitaciones extremas, tormentas severas y posibles crecidas históricas de ríos como el Paraná y el Uruguay. En contraste, el noroeste argentino y algunas zonas de la cordillera podrían experimentar condiciones más secas.

Un informe del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos reveló que, de 92 municipios relevados, 58 ya superaron alguna media mensual histórica de lluvias y diez presentan excedentes hídricos superiores al 50%. Esto pone en alerta a las autoridades locales, que temen que la infraestructura de drenaje y defensa hídrica no sea suficiente para contener eventos de precipitación extrema.

Riesgos y desafíos

El “Súper Niño” plantea desafíos críticos para el sector agrícola, la gestión del agua, la salud pública y la infraestructura urbana y rural. En el campo, el exceso de lluvias puede retrasar siembras, provocar pérdidas de cultivos y dificultar las cosechas, mientras que las sequías en otras regiones amenazan con reducir la productividad y aumentar los costos de producción.

En las ciudades, el riesgo de inundaciones urbanas, colapso de cloacas y daños en viviendas es alto, especialmente en asentamientos informales y zonas bajas. Los expertos alertan que el fenómeno pondrá a prueba la capacidad de respuesta de los gobiernos y la preparación de la población.

La OMM y la NOAA hicieron un llamado a los países para que activen planes de emergencia, refuercen los sistemas de alerta temprana y coordinen acciones regionales para mitigar los impactos. En Sudamérica, varios gobiernos ya comenzaron a preparar protocolos de contingencia, incluyendo la construcción de defensas ribereñas, el almacenamiento de alimentos y la identificación de refugios temporales.

Qué esperar en los próximos meses

Los meteorólogos estiman que el “Súper Niño” comenzará a notarse con mayor claridad en la primavera y se intensificará hacia el verano de 2026 y durante 2027. Se anticipa un aumento de la frecuencia e intensidad de tormentas, olas de calor y eventos de lluvia extrema, con picos entre octubre y diciembre de este año.

Para la población, la recomendación es mantenerse informada a través de los canales oficiales, tener preparados los planes familiares de emergencia y seguir las indicaciones de las autoridades locales en caso de alertas meteorológicas. En el campo, los productores deberán ajustar sus calendarios de siembra y cosecha, y considerar estrategias de manejo del agua y el suelo para minimizar pérdidas.

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